Fruto de un constante y silencioso trabajo creativo, este espacio —al igual que mi primera novela, Aséptica— es el reflejo de que mi larga etapa de silencio por fin termina.
Detrás de mis letras estoy yo, Erika Kina. Mi historia comenzó bajo el cielo de la costa central sudamericana, en un entorno enriquecido por raíces niponas y la calidez de la tierra que me vio nacer. Siguiendo el ejemplo de mis antepasados, que cruzaron el océano, emprendí mi propio viaje: crucé el Atlántico y construí mi vida frente al mar Mediterráneo, en la ciudad catalana que me acogió, me curó y me cautivó.
Mi formación en comunicación audiovisual me enseñó a encuadrar la realidad, a mirar más allá de la superficie y a entender el poder de las historias. Pero fue en los pasillos del hospital, en mi día a día dentro del ámbito sanitario, donde esa mirada cobró un sentido profundo. Allí, en pleno contacto con el dolor ajeno, el esfuerzo diario y mi propia resiliencia, descubrí la necesidad imperiosa de escribir sin adornos.
Hoy, mientras sigo desafiando mis propios límites, rompo el anonimato para compartir contigo mis reflexiones más sinceras y directas.
Para mí, la escritura no es un pasatiempo: es mi terapia, mi forma de teletransportarme y el canal para expresar el dolor de esas cicatrices invisibles que la vida nos deja grabadas. Escribir es lo que me sana. Por eso, el propósito de este espacio es servir de puente para sanar corazones mediante las palabras; un refugio para aquellos que, aunque ya han cicatrizado, todavía sienten el dolor latente y buscan un camino genuino hacia la paz.
Bienvenido a mi realidad, sin anestesia.
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